Crónica sobre Santiago de Cuba y los santiagueros
Santiago de Cuba es una ciudad muy particular de la geografía Cubana, digamos que es única por su impresionante topografía rodeada de montañas con un calor intrínseco y una belleza natural espectacular. La santiaguera es mestiza, regularmente bella y voluminosa, se contornea al caminar y según se dice la culpa del volumen lo tiene el subir y bajar de las lomas de la ciudad, porque hay que ver que Santiago de Cuba está lleno de pendientes y calles escalonadas.
Pero Santiago es una ciudad alegre y dinámica con ese deseo que siempre tiene su gente de bailar en cualquier sitio y sobre todo beber porque nada hace el santiaguero que no lo acompañe una botella de ron, el santiaguero bebe cuando le nace un hijo y bebe si tiene que pasar la noche en un funeral, bebe si trabaja al sol y bebe si le llega el muy poco frio que se atreve a entrar en la comarca.
El santiaguero es jaranero y algo charlatán pero eso sí, muy de su Santiago. Es casi imposible encontrar un hijo de esta tierra que reniegue de haber nacido en ella, es como un orgullo inmenso nacer en una tierra que tantos generales y héroes le dio a la guerra de independencia contra la España colonial.
Nos vanagloriamos de tener en Santiago la tumba del ilustre José Julián Martí y Pérez, el más universal de todos los Cubanos, y que un pedazo de nuestra tierra sirva de base la iglesia donde habita la virgen de la Caridad del Cobre, “Patrona de los Cubanos”, la milagrosa “Cachita” que todos los cubanos veneran.
Orgullo de tener unos carnavales, que aunque ya no se parezcan a los de antaño, siguen sacando a la gente de sus casas para ver como el sol despunta el día con la garganta amelcochada de alcohol.
Empleamos falda para decir saya, y decenas de palabras que pueden estar o no en el diccionario pero que aquí las decimos porque es nuestro modo de expresión y punto.
Pero sobre todo el santiaguero se las da de guapetón y le atribuye al calor su “valentía”, se dice que el santiaguero es caliente, tiene la sangre caliente y que no le aguanta las pulgas a nadie. Eso sí, amoroso y hospitalario lo es y no por slogan ni consigna, lo es porque lo es.
Como olvidar el inconfundible sabor negro, mestizo y criollo de una ciudad que se identifica por el particular sonido de una conga santiaguera, esa que cuando suena arrastra una multitud de colores que componen una raza particular en Cuba al “conguero santiaguero”.
Arrollar, es sin duda uno de los placeres terrenales que se disfruta entre sudores y tropezones de un jolgorio de costumbres, de tradición y autenticidad.
Pudiéramos comentar infinitamente como somos los santiagueros de bullangueros, altruistas, hospitalarios, bebedores y mujeriegos, pero en verdad no tienes otra opción para conocernos, que venir alguna vez con sombrilla, abanico y cutaras, dispuesto subir las lomas de este Santiago único en Cuba.