El santo patrono (leyenda)
El santo patrono (leyenda). Texto publicado en la pagina web del hotel posada las casas, escrito el 27 de septiembre del 2015
A todo visitante se le hace necesario el conocimiento pleno de la tierra que visita, sus antecedentes y orígenes, el surgimiento de su población y sobre todo de donde se deriva su nombre como población viva: este es el origen del nombre de esta ciudad mágica de San Cristóbal de las Casas.
El nombre de Cristóbal significa “el que carga o transportador de Cristo”. El Santo Cristóbal es un popularísimo gigante que se representa con su barba y un bastón de pastor. Es creencia común que basta mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día. Es por ello que todo el que se suele viajar en coche, los automovilistas magnánimos llevan una medalla de san Cristóbal junto al volante.
La historia recoge que Cristobalito o San Cristóbal mártir como es también conocido nació en el año 405. Su nombre de origen griego, “el portador de Cristo” se empareja con una de las historias más bellas y significativas de toda la tradición cristiana.
Es representado como un hombre gallardo de gran estatura y gran fuerza física. Tan vanidoso que no toleraba con servir a amos que no fueran dignos de él.
ESTA ES SU HISTORIA
Había una vez un joven, muy alto y con mucha fuerza, que se llamaba Cristóbal. Cuentan los antecesores que ese joven se ofreció a un rey para trabajar en el castillo.
En una de las jornadas dentro del palacio y como era habitual en celebraciones y fiestas, se presenta una obra de teatro. En algunas partes, hacían mención al diablo. Cada vez que lo nombraban el rey se santiguaba entonces Cristóbal le preguntó a su señor que porqué hacia esas cruces. El rey le contestó que era porque le tenía miedo al diablo, entonces el joven Cristóbal pensó que era mejor servir al diablo. Porque en realidad él quería servir al más fuerte de todos.
Cristóbal salió del castillo y en su andar se encontró con el diablo que venía a caballo. Le preguntó si podía ser su sirviente, cosa esta a la que el diablo dijo sí. Entonces juntos siguieron caminando, el diablo a caballo y Cristóbal a su lado. Un tiempo más adelante se detienen, pues de repente vieron, al costado del camino, una cruz de madera. Apenas el diablo vio la cruz, se puso pálido y con mucho miedo. Entonces se bajó del caballo y emprendió una veloz carrera para el otro lado de donde estaba la cruz hasta que se metió en el monte lleno de espanto y salió por otro lado del camino, más delante de donde estaba la cruz.
Cristóbal, asombrado y por su creencia de ver al diablo como el más fuerte de todos le pregunta ¿Por qué has escapado de la cruz? A lo que el diablo respondió: “En esa cruz murió el Hijo de Dios, y por eso le tengo terror a la cruz”.
Entonces Cristóbal pensó
Que el diablo no era tan fuerte como creía y decidió dejarlo e ir en busca de ese Hijo de Dios, que sí era fuerte, más fuerte que el diablo.
Cristóbal comienza entonces a buscar a Cristo para servirlo. Se encuentra con un anciano sacerdote, al cual comenta que anda en busca de Jesús, el hijo de dios. Le habían dicho que era muy fuerte, y por eso quería servir para él. Al escuchar sus palabras el sacerdote anciano le comenta que había una forma en que la podía servir a Jesús: -mira, le dijo -Ahí cerca hay un río que tiene mucha agua y es muy hondo. Mucha gente se había ahogado tratando de pasarlo. Si quieres servir a Jesús ayuda a la gente a cruzar el río, eres grande. San Cristóbal no lo pensó dos veces, se armó una casita a la orilla del río y así se pasó mucho tiempo, ayudando a la gente a cruzar.
Cierto día, sentado a la orilla del río, esperando que viniera más gente, Cristóbal escucha la voz de un niño: “¡Cristóbal, ayúdame a cruzar el río!”.
Cristóbal, miraba y miraba pero no veía a nadie, así que se volvió y entró a su casa. Pero unos minutos después escucho de nuevo la voz, salió a ver y nada, parecía que el niño estaba jugando a las escondidas.
Una tercera vez
Sucedió lo mismo, pero en esta oportunidad sí vio a un niño, que era el que lo llamaba. Cristóbal se acercó, y el niño le pidió que lo llevara a la otra orilla del río. Cristóbal, subiéndolo sobre sus hombros y usando su bastón se metió en el río con su hermosa carga infantil y pensando que ese era un trabajo fácil, porque el muchacho pequeño, y no pesaba mucho.
Iba así caminando dentro del rio, cuando el agua comenzó a aumentar mucho. Tanto, que casi le llegaba al pecho a Cristóbal, y lo más raro de todo, era que el niño comenzaba a aumentar de peso y era tanto que Cristóbal pensó que ya no podía soportar más. San Cristóbal duplico sus fuerzas y siguió caminando por el río, hasta que pudo salir.
Cuando llegó a la orilla
Bajó al niño del hombro, y con mirada sorprendida le pregunta: “¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que hasta me parecía llevar el mundo entero en mis hombros?”.
Acabas de decir una gran verdad, le dijo el pequeño a Cristóbal, no te extrañes que hayas sentido ese peso, porque en verdad, llevabas al mundo entero sobre tus hombros porque yo soy el Creador de ese mundo. Yo Soy Cristo tu Rey. Y quiero agradecerte porque a cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí. Voy a darte una prueba de que lo que te estoy diciendo es verdad. Cuando pases de nuevo la corriente, una vez que hayas llegado a tu choza, hinca al lado de la casa tu bastón; mañana estará todo el campo verde y lleno de deliciosos frutos”.
Cristóbal hizo lo que el Niño Jesús le había dicho. Hincó su bastón en la tierra y al día siguiente se había transformado en una palmera con dátiles. A partir de ahí, Cristóbal creyó en Jesús y se bautizó como cristiano en un lugar llamado Antioquía.
Ya cuando era cristiano
Cristóbal se encontró con un rey que le dijo que ya no creyera más en Jesús. Porque si no él lo iba a matar. A lo que Cristóbal respondió que prefería morir antes que decir que no creía en Jesús. Entonces el rey se enojó mucho, y mandó que le pegaran con barras de hierro.
Después ordenó que le pusieran un casco caliente en la cabeza. Pero a Cristóbal nada le pasaba, porque el Niño Jesús lo protegía. Otra vez lo ataron a un asador bien grande, y le pusieron mucho fuego y Cristóbal no se quemó. Una vez más el rey les dijo a sus arqueros que le tiraran flechas a Cristóbal y lo mataran. Pero las flechas se quedaron quietas en el aire y ninguna tocó al buen samaritano.
Hasta que en un momento, cuando estaban así quietas en el aire, se dieron vuelta y salieron volando adonde estaba el rey: Se clavaron en los ojos del monarca, que se quedó ciego. Cristóbal se puso delante del rey y sentenció “Escucha, tirano, mañana estaré muerto. Y será tu oportunidad de recobrar la vista, toma del suelo un poco de polvo. Empápalo con mi sangre. Ponlo sobre tus ojos ya verás lo que te digo
Al día siguiente, Cristóbal fue decapitado y murió Por eso es mártir, que quiere decir que está en el cielo. El rey hizo lo que Cristóbal le dijo, y recuperó la vista. Así empezó a creer en Jesús y se arrepintió de todo el mal que había hecho.
Y esa es la historia de San Cristóbal. Hoy ciudad mágica de México, Adorada por sus hijos y de una bella historia para su nombre y para su pueblo.