Chelelín, «El Payaso Comaltitleco»

Chelelín, «El Payaso Comaltitleco»

HERMANOS CRONISTAS, POETAS, NARRADORES. A LOS QUE DESDE UN MICRÓFONO O SOBRE EL PAPEL ILUMINADO DE ALGÚN ÓRGANO DE PRENSA. LOS POETAS QUE TODO LO CONVIERTEN EN ORO PARA EL OÍDO AJENO. QUIENES ÁMEN A LOS NIÑOS Y LA PAZ DE LA TIERRA. A LAS INSTITUCIONES, FUNDACIONES, SEMINARIOS, AGRUPACIONES LIBRES. PARA LOS ARTISTAS LATINOAMERICANOS Y CARIBEÑOS. AMIGOS Y NO AMIGOS.  A QUIEN SE SIENTA PUEBLO Y A LOS QUE PUEDAN LEER ESTE TEXTO. A TODOS LES PIDO QUE DESCUBRAN SUS CABEZAS CON RESPETO Y PENSANDO EN SILENCIO. «ANALICEN»  SI MUY CERCA DE USTEDES TAMBIÉN HAY ALGÚN OTRO «CHELELIN, EL PAYASO COMALTITLECO«. SI ALGÚN OTRO PADECE DE IGUAL FALTA DE RECONOCIMIENTO. ESTE ARTISTA YA SE NOS FUE  PERO AUN QUEDAN MUCHOS MAS POR RECONOCER.

En homenaje a Chelelín, «El Payaso Comaltitleco»

Las calles polvorientas de un pequeño pueblito en la costa del soconusco. El sol intenso sobre mi cabeza, me hacen creer que voy a derretirme sobre el pavimento al cual. Tal parece que en años, no le agracia la lluvia ni al menos con una gota de agua. El viento caliente que no refresca. La mirada que se me pierde, no sé si a la montaña o al mar. Enderezo mi camino y la pregunta es de una sola vez, porque todos saben donde vive «Chelelin».

«Chelelin», es payaso y lo es porque sí. Su manera de hablar y gesticular. Sus historias fascinantes. Su vida toda es clown, que para eso hay que nacer y así nació Eleazar Santos Robles. Apellidos que en nada se le asemejan porque Roble (árbol robusto) no lo creo y santo, mucho menos. Que Eleazar es la picardía en persona

¿Cuánto de santo puede tener, quien abrazó al mundo y sus calles desde sus primeros años de infancia, Quien se golpeó fuerte contra la subsistencia de la vida? duro hasta el suplicio.

¿Santo?

Santo hubiese podido ser, hasta que el diablo del arte se le metió en su pecho y hasta hoy, aún sobre silla de ruedas, no lo han podido excomulgar. Claro porque también saben que es un diablillo bueno. De esos que tienen miles de anécdotas. Que cuentan de maldades y chistes aprendidos a saber en qué escuela callejera o detrás de cual bambalina o debajo de cual carpa.

Porque «Chelelin» nace para la carpa y el camino. Tiene vivencias en todo México. Conoce a sus gentes. Sus templos. Sabe del humo y del hielo. De los volcanes. De los cerros y prueba los sabores y los sinsabores, acumulando una historia que no debe llevarse consigo: ni el santo, ni el diablillo que lleva dentro.

El día del encuentro

Yo lo vi, lo abracé. Sentí esa impronta que estremece cuando se abraza a la gloria desconocida. La imposibilidad de mirar a una estrella sin que su fulgor te enceguezca. Lo abracé y un calor estremecido absorbió mi alma. Y el viento, ese viento caluroso y ese sol intenso me dejó mis ojos llorosos. Fue el sol aunque no me atrevo a jurarlo, porque el único sol que tenía en la mirada era a «Chelelin» el payaso Comaltitleco.

Tiene Chelelin historias de payaso, manos de payaso, vida de payaso y hasta de su cara ya no puede apartar al clown que lo invadió para siempre y que lo estremece de recuerdos, memorias que alguna vez tenemos que contar y dejar autentificada porque: «Lo dijo Chelelin y hay que creerlo»

¿Payaso?

Si, enteramente payaso con sus tristezas y sus miedos, con sus angustias y desvelos, con sus peligros y sus fobias, con su hambre y sed aun marcadas y ocultas debajo del maquillaje eterno de su rostro

Porque para hacer reír hay que aprender a llorar, para divertir a otros se ha de sufrir intensamente, para recibir un caluroso aplauso se ha de dormir con mucho frío.

Por eso ahora que escribo estas líneas, me queda más que claro que una existencia de más de 50 años como payaso, además de otras muchas cosas que podrían narrarse de su vida, ésta, la de Chelelin o Eleazar, no debe quedar en el olvido, mucho menos ahora que anda y desanda en una silla de ruedas, aún haciendo payasadas, pero con una sola pierna, la otra, la que le daba el equilibrio en la cuerda floja del circo, la perdió sin otra alternativa, en la cuerda floja de la vida.

En Eleazar Santos «Chelelin», se descubre a un hombre de la radio, de las peleas de lucha libre, del cine, del circo, de la calle, al mundano personaje de parques y plazas, que sabe de cómo hablar hacia dentro y amoldar la voz a un  muñeco, porque lo de ser ventrílocuo también es pasión en su autodidacta formación artística y titiritero y attrezzista, malabarista y cortinero.

Al final

Chelelin seria en resumen un catedrático de la risa, un máster del entretenimiento, un doctor en ciencias de la diversión, pero sin Universidad de puertas y ventanas ni de escalas, la gran «Academia» donde se cultivó, está en su propia supervivencia y a esa no se asiste con cartillas ni cuadernos, esa no permite borrones, porque no hay nada que las suprima del recuerdo, a esa universidad se va descalzo y sin aliento, porque el aire que se respira, siempre al principio es incierto, lleno de prisas, de anhelos y el libro se escribe luego, ahorita, con la misma prisa conque vivió y vive su vida de mexicano bueno.

Hay un ejemplo de entrega y pasión, hay una historia labrada con sacrificio y amor, hay un legado para las nuevas generaciones y quizás hasta un repertorio de esos «de los buenos» «de los geniales» de los que hicieron reír a nuestros padres y abuelos y que hoy podría servir para que, en nombre de «Chelelin» y de todos los payasos mexicanos y latinoamericanos, se nos arranque una nueva sonrisa de esperanza y paz y se reparta entre todos nuestros pueblos.

NOTA

Agradezco a Romeo Duvalier Peña Román y a la fundación «Armando Duvalier» haber propiciado el encuentro que me hizo conocer a esta personalidad de la cultura mexicana: Eleazar Santos Robles «Chelelin»  el payaso comaltitleco.

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