El piano de México

El piano de México

La noche de miércoles 15 en el XII Festival Cervantino Barroco Internacional

Fue copa que desbordó las expectativas del más ambicioso espectador. Quizás muchos como yo, pensaron que luego del concertazo del carismático Carlos Macías la noche no entregaría mas razones para esperar. Sobre todo bajo una lluvia pertinaz y demasiado fría para un caribeño cubano y santiaguero.

En mi mente y en la de mi hija Betty. Con la cual me pertreché en un lateral de las barandas limítrofes al improvisado lunetario. Se mantenía la idea de escuchar un primer tema y luego marcharnos.

Error de pensamiento Arturo Aquino en escena.

Y entró una hemorragia de talento. Una vertiginosa figura de joven artista inquieto y versátil: Muy versátil. Extremadamente versátil. Y quedamos atrapados en sus redes.

Aquino es el pianista que ya no necesita atender lo que hace en el instrumento. Todo le fluye espontáneo, sin pre-meditación. Ni siquiera mira las teclas por evitar el error, (Y es que no los comete). Su ejecución es limpia. Sonoramente transparente, toca con las manos, con los ojos, con el cuerpo: Con el corazón.

Su propósito, constante y extraordinariamente logrado es el show, porque eso si le apuesto a cualquiera, Aquino no ofrece conciertos, ni simples espectáculos, Arturo Aquino es un show man de altos quilates, un instrumentista devenido en actor o un actor que domina a la perfección su instrumento o un comediante que se embolsilla al público y lo domina. Animador, mago, fascinante tipología, mezcla de Jaguar y paloma.

Y es que Aquino

Logra tal coherencia en la interpretación de sus temas que los detiene y continúa a su antojo, comenta, cuenta la anécdota, habla con alguien del público y retoma su trabajo, esto por supuesto, gracias a una banda de maestros músicos que no pueden pestañear un segundo (Y le sucedió al baterista en una ocasión dentro del espectáculo pero sin mayor trascendencia), porque Aquino es «La cajita de sorpresas de su show» se las inventa y todos tienen que inventárselas.

Arturo Aquino es todo un maestro, un joven pero indiscutible maestro del piano y yo que he contado con el honor de dirigir espectáculos con el maestro cubano Frank Fernández de los mejores tecladistas contemporaneos, les aseguro que Arturo Aquino no es segundo de nadie.

El repertorio que entrega es tan mexicano como él mismo y va desde las mas sublimes danzas chiapanecas con marimba incluida, hasta las piezas mas universales de Richard Cleiderman u otro clásico de la ópera o la sinfonía.

Emoción cuando hizo la Guantanamera.

Su obra parece simple al oído cotidiano, pero son arreglos magistrales en los que cambia de géneros, de ritmos, de tiempo y hasta de armaduras de clave en un decir santo y amén.

Claro que nos quedamos todo el tiempo y lo disfrutamos a él y a sus exquisitos invitados entre ellos a Juan Luis tan talentoso y privilegiado en su violin como el mismo maestro Arturo, y al propio Carlos Macias con quien compartió un hermoso tema y a una hermosa mujer privilegiada en su voz de la cual no recuerdo el nombre y agradecería a quién me lo recordara.

Una noche sin comparaciones, una entrega sin límites al buen gusto y a la creación responsable y estremecedora.

De allí salimos convencidos que el piano de México sin dudas es también piano del mundo.

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