El Son es lo mas sublime

El Son es lo mas sublime

Crónica de Santiago Carnago dedica a homenajear el día nacional del SON y a todos mis amigos soneros de cuba

Gran suceso, diría, esperado acontecimiento y merecido para la música cubana. Pero sobre todo para la parte oriental de Cuba. Se le dedica un día nacional de homenaje al SON y mejor pensado que fuera el 8 de mayo. Día que en 1894 nace Miguel Matamoros en Santiago de Cuba.

He repito muchas veces que no me gustan las fechas rígidas para enmarcar un acontecimientos cultural. La aparición de los géneros musicales y otros fenómenos del arte tienen una evolución. No siempre cronológica y en ocasiones cíclicas y no aparecen así de un tirón.

De todos modos se hace indiscutible.

Por las células rítmicas que abraza el género SON en sus claves y tiempo. La manera y modo de insertar instrumentos exportados con la colonización, acriollados en tierra cubana. Definitivamente sin la introducción de la cultura de las etnias africanas en Cuba, otro seria el resultado.

Los españoles contribuyen en la conformación de una identidad en la música cubana. Aportan la estructura o lineas melódica. Los instrumentos de cuerda pulsada y algunas formas literarias tanto escritas como orales. Los esclavos africanos principalmente de las tribus Yoruba, Congos y Carabalíes. Nos insertan sus toques de tambores y sus cantos religiosos. Con la alternancia entre lo que propone el cantante solista y el coro. Así como otros instrumentos de persecución menor que a la postre se hacen imprescindibles en el surgimiento y desarrollo del SON.

No podemos negar que el complejo fenómeno de transculturación juega un papel primordial. Nos convoca al reconocimiento de la inserción de elementos tímbricos de migraciones. Las que luego nos llegan como la de los franceses. Haitianos. Jamaiquinos. Chinos y mexicanos que también influyeron en el crisol que es la cultura cubana.

El origen del SON

Se sitúa en la región oriental del alargado y verde caimán que es Cuba. Mas preciso en la cordillera montañosa de la Sierra Maestra de Santiago de Cuba. Colindante con la provincia de Guantánamo, dueño indiscutible del Changüí: Surgido a finales del siglo XIX y que entrega sabores que le son hereditarios al SON. A pesar de sus diferencias sustanciales en la ejecución.

El SON, como ritmo alegre y contagioso. Nacido para hacer mover los pies. Tiene sus inicios según el cronicismo popular. Alrededor del 1892, en los muy reconocidos carnavales de Santiago.

Se hace notoria en las festividades la presencia de un músico de nombre Nené Manfugás que aparece con un instrumento parecido a un guitarra con tres cuerdas: llamado el Tres.

De inmediato el instrumento por su forma picada entre rítmico y melódico se convierte en la mismísima encarnación del SON. Apoyado en las armonías y el peculiar rasgueo (rayado) de la guitarra típica cubana.

En sus primeros momentos:

El SON asume un estilo basado en la repetición constante de un estribillo de mas o menos cuatro compases. Cantado por un coro que es el “montuno o estribillo”. Y la improvisación que le corresponde al cantante solista. (Aquí nos remitimos a los modelos africanos de guía y coro).

Luego el SON nacido en el campo invade la ciudad. Comienzan a jugar otros factores incidentales de la concepción estructural de la música europea. En la que un cuerpo de texto hace el volumen del tema. Y seguido el estribillo o montuno. Sin abandonar la parte de la improvisación.

Mi gran suerte fue conocer a Eduardo Blanco: Director fundador del ascendente grupo “Ecos del Tivolí” hoy en la cumbre del éxito. Siempre defendiendo el SON de Miguel Matamoros y manteniendo células y formulas muy codificadas por el bardo Santiaguero. Quien tuvo la posibilidad de llevar el género musical a los espacios Habaneros. Aun con la negativa de muchas las élites musicales de la capital.

Las anécdotas de Eduardo: “Chichi Caney” como todos lo conocemos son fabulosas. Porque nacen de la profunda investigación que hizo en su momento. Cuando aun existían los que en verdad conocieron a Miguel que junto a Ciro y Cueto llevaron a la cúspide de la fama al espectacular trío Matamoros.

Escucho y leo en ocasiones hablar de nombres como portentados de la creación y nacimiento del SON. En verdad me apena: Son grupos y músicos de gran arraigo:

Fui testigo de una reprochable e inexperta conferencia en San Cristóbal de las casas. Chiapas. Donde un “señor” auto-titulaba el grupo que venia representando de ser los primeros en hacer el SON cubano.

Los aportes varios al desarrollo del género sonero son indiscutibles. Ignacio Piñeiro, por ejemplo tiene el mérito de ubicar a la trompeta en la secuencia estructural del SON tradicional. Estableciendo el típico septeto. Otros como Formell introduce un formato novedoso en su orquesta para hacer un Son mucho mas contemporáneo. La magia de Pachi Naranjo en la Original dando tratamiento a los violines como cuerdas de viento, sin perder su Charanguero quehacer. El Son se traduce en el alma afrocubana, la inteligencia y el talento de un músico en Santiago de Cuba Miguel Matamoros desde 1894 y los estudiosos lo saben y lo promueven como el mayor embajador e indiscutible artífice del SON.

Gracias a Compay Segundo. Félix Varela. Adalberto Álvarez. Pancho Amat. Lino Betancourt. Elio Orovio. Cándido Fabré y otros tantos defensores de la autenticidad del género. Pero sobre todo a los músicos de Santiago de Cuba y del Oriente Cubano por lograr este suceso: 8 de mayo día nacional del SON y vamos por mas.

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