El televisor del barrio

El televisor del barrio

Siempre llegaba unos quince minutos antes de las 7 y 30. La Televisión Cubana ofrecía a esa hora su espacio de las Aventuras. Regularmente con temas universales. “El Zorro”, “Los Vikingos” “El Capitán Garfio”, “Los Bucaneros”.

El mejor lugar para ver la televisión era la esquina de la derecha de la ventana. Allí sujetos de la reja, esperábamos que la dueña de la casa abriera las hojas de madera como telón de teatro. Luego con una mirada seria y atemorizadora, nos dijera “A ver si se comportan o cierro”.

En todo el barrio y sobre todo en mi cuadra había un solo televisor.

Y ese estaba en la casa de Cuca Herrera, (Mi mamá también se llamaba Cuca pero, era la Cuca sin televisor).

Aquel artefacto era un Dupont de pantalla redonda en blanco y negro. Equipo que en ocasiones se ponía “malo” y perdía la señal. Entonces había que darle vueltas al selector de canales hasta que “agarrara” de nuevo. O la antena que hacia rallas en la pantalla y la cara de los personajes se desfiguraba. Así y todo estábamos agradecidos de Cuca que nos dejara guindar de su ventana a ver las aventuras en su televisor.

Había días horribles en los que le deseábamos a Cuca hasta la muerte. Eran los días de las peleas. Chocaban las espadas en la pantalla y nosotros gritábamos de entusiasmo ante las estocadas…………desde dentro el silbido de alerta —. Shhhhhhhhhhh cállense.

Pero era inaguantable la emoción: El zorro había hecho una Z en el pecho del Sargento García y reíamos a carcajadas. De pronto: A ver pa’ su casa todos, a gritar a otra parte que esta es una casa ajena… malcriados…

Las hojas de madera se cerraban y solo quedaba el audio lejano de un capítulo inconcluso.

Una vez llegó el televisor del barrio.

Los niños y claro también los mayores. Veíamos a los constructores plantar un poste de cemento en medio de la “Raspadura” o la rotonda que giraba en U las calles Pedrera. Oriente. Zamorana. Calle 6 y otras dos mas. Rotonda donde se enfilaba la ruta 4 a reiniciar su viaje “Flores-Universidad”.

El poste estuvo casi un mes así, como poste, hasta que llegó la caja de madera que estuvo casi tres meses así; como caja sobre el poste y luego el televisor: Un ruso elegante al que jamás pude descifrar la marca pero era Ruso aunque se escuchaba en Español.

Luego las normas y los reglamentos.

El Televisor se enciende después de las 8 de la noche para el noticiero. Tienen que traer sus asientos porque no hay donde sentarse. El equipo se apaga a las 12 aunque no haya terminado la película: Firmado Gallego “el responsable”

Allí quedó el famoso televisor en medio de la raspadura. En la mayoría de los casos encendido y solo el gallego viéndolo. ¿A que niño del barrio podría atraer aquellos programas de adultos?. ¿Donde podríamos ver las aventuras de las 7 y 30, si ahora Cuca ni siquiera abría las ventanas porque: “Ya en el barrio había televisor”.

Así nos entregaron a los niños esos tiempos de los años sesenta.

Un barrio de gente muy pobre que no tenía mas que un televisor en esa cuadra y otro mas arriba: En la casa de los Carballo, pero ahí no se asomaba ni el mas valiente. Porque aquel perrazo sentado en la puerta asustaba a todos.

El tiempo:

Como es de habitual que hoy en la década de los años dos mil veinte, cada casa tenga uno, dos y hasta tres televisores y cada quien en la familia vea lo que le interese.

No hay niños sujetos a las verjas de las ventanas pidiendo de favor que le permitan ver el capítulo del día. Ni nadie que se las cierre cuando explota la risa.

Quizás los malo es que ahora en la televisión Cubana no hay buenas aventuras Cubanas y cada día si, peores cosas «para no ver».

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