La orquesta de la Mendive

La orquesta de la Mendive

Crónica escrita por Santiago Carnago López el 19 de Junio del 2020, como homenaje al destacado educador Agustin Rueda

Hace muchos años, me da vueltas en la cabeza escribir de manera proverbial la mas merecida de las crónicas. Con toda razón dedicada a un hecho cultural-educativo genuino y absoluto de Santiago de Cuba.

Sobre todo a la figura de un maestro de generaciones, que olvidado en el tiempo, supo marcar pautas y dejar huellas en la formación de su alumnos músicos: el maestro Agustín Rueda.

Corría el año 1968.

La música Cubana comienza a aportar nuevas sonoridades con modernos instrumentos electrónicos que sorprenden por sus posibilidades tímbricas; pianolas, organetas, bajos, guitarras con efectos, la influencia de The Beatles y la aparición de la gran orquesta de música moderna en la Habana con directores como Guzmán, Tony Taño y otros de importancia profesional y el debut de los portentosos Irakeres de Chucho Valdés y su Bacalao con pan.

En Santiago de Cuba.

Ni tontos ni perezosos los músicos de la ciudad fundan la orquesta de música moderna dirigida por el singular maestro Osmundo Calzado.

Motivo e inspiración lo fue también para que un profesor de música de la secundaria Rafael María de Mendive, antiguo colegio Dolores, diera riendas sueltas a su versatilidad y dedicación al magisterio sin límites y surgiera así, de entre los “Adolescentes” que allí estudiamos: la gran orquesta de música moderna de Mendive o la orquesta de Agustín como muchos conocieron.

El Agustin que aún tengo en mi memoria.

El maestro era de piel negra, mas bien grueso sin exageración y con una gran bola sobresaliendo de su piel en la parte de la nuca, al menos yo, nunca supe si era tumor, glándula sebácea o cual otra patología, solo que el propio maestro parecía no darle importancia.

Los ensayos de la orquesta eran en el lobby de la escuela luego de finalizadas las clases, en el horario de la tarde. No pretendo recordar los nombres de todos mis ex-compañeros de aquellos tiempos. Mas nunca olvido a Guido Medina que como lo es hoy, en aquella etapa era nuestro músico líder en la guitarra eléctrica.

No estoy seguro si Pinatel también estuvo ahí, pero recuerdo como sonaba Guillermito que luego fue primer trompetista de Son 14. También Elio Prendes que llegó con su saxofón al grupo T con E en la Habana.

En un lapsus corto de tiempo Cheny era el primer baterista y yo el segundo, pues habían 2 drunes completos en la agrupación. Aún veo a Mora en la calle, ese fue un intento de poner cantantes en la orquesta y ese loco lo hacia de maravillas. En el saxo estaban, ademas de Elio: Castellanos y Meléndez.

Nuestra gran misión

Además de los conciertos públicos y las actividades de educación en la ciudad, era la de amenizar las noches de los campamentos de estudiantes, cuando íbamos a la etapa de la escuela al campo.

Regularmente nos alojábamos en un campamento llamado “Camanacún” al menos eso tengo en la memoria, cerca de Veguitas en Manzanillo. Por la mañana a trabajar y por la tarde a ensayar, luego en las noches a tocar.

Mi tránsito por la orquesta no fue extenso, pues ya me interesaba la radio mas que todo y poco a poco, me convertí en orgulloso miembro del programa Tridimensional de la CMKC, junto a los locutores Herly González, Yolanda Horruitiner y Santiago Waldo García.

Este ultimo (Santiaguito) cerró carrera en la Habana como cantante del grupo Manguaré. En la radio todos estábamos bajo la dirección de Calzado Montoya. Yo el orgulloso miembro que buscaba las cartas en el apartado de correo, pero me nombraban en los créditos como corresponsal: Eso me ponía eufórico.

Volviendo al recuento de la orquesta del maestro Agustin Rueda, es obligatorio comentar de su labor educativa y su formación exigente y disciplinada.

Ir al recuerdo de un músico de talla mayor, porque Agustin y solo él, enseñaba a tocar todos los instrumentos, y ninguno de nosotros llegaba a sus manos con conocimiento alguno.

Era el maestro Agustin Rueda, un evangelio vivo como describe José Martí a los grandes educadores. Sea homenaje para él, este modesto recuerdo en una ciudad que se acerca a cumplir 505 años de fundada, y donde hombres como Agustin Rueda, escribieron también parte de su semblanza cultural, intelectual y educativa.

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