«Pepin Vaillant; Un diamante negro»

«Pepin Vaillant; Un diamante negro»

Crónica de Santiago Carnago en recordación al entrañable amigo e inigualable músico Santiaguero

Aún anda fresco en mi memoria los detalles de aquel encuentro a la distancia de un escenario. Pero con el primer plano que le da la radio al realizador.

Corría el mes de julio de 1988

Pleno carnaval Santiaguero y yo me adentraba en los trajines de la dirección de programas de radio. Ya había tenido la experiencia de la animación de tarima que organizaba el estimado amigo y excelso locutor Rolando Zacarias de la CMKC. Así bajo su propia sugerencia y por mi entrenamiento como futuro director de programas, me lanzó con el camión (Praga soviético) del remoto y los operadores Miguel Mena. Amado Justiz y Mayito Diaz a grabar las contingencias musicales de las calles Santiagueras. Programas que luego se transmitirían en diferido por las ondas de la propia CMKC Radio Revolución.

Dos cintas AGFA de una hora de duración cada una. El camión Praga y el montaje de la microfonía enlazada con la del sitio escogido, era todo el montaje. Aquella noche seria en el cabaret carnaval del INTUR. Situado en un espacio abierto que hoy ocupa el edificio de 5 plantas entre calle 4 y calle 6 en la popular Trocha Santiaguera.

En busca de información para luego redactar la nota de apertura del programa que grabaría para la radio. Me comenta Eugenio Nemiña: (Estrella de la animación del cabaret San pedro del Mar en sus años mozos y que luego seria mi maestro y amigo) que el programa de esa noche era Pepín Vaillant con Tabaquito y su show INTERSON. Habían llegado desde Francia. Luego los bailables con la orquesta Típica Caribe del maestro Buenaventura Roca.

Confieso que a Pepín lo había visto de niño

Pepín Vaillant había nacido el 1º de mayo de 1929 en mi barrio. Eramos ambos del reparto Flores en Santiago de Cuba, solo que para mi, como niño, era muy lejana su figura: Pepín era de calle Segunda de Paraíso No. 52 y yo de calle 6 No. 208 entre celda y la raspadura. Pero lo veía pasar siempre y su figura era un enigma a descifrar aquella noche de carnaval.

Pero del otro maestro; Buenaventura, no había escuchado hablar nunca. Por supuesto eran mis años iniciales en la radio y con la cultura santiaguera. Razón por la que con sus exponentes principales había tenido poca relación, a no ser con el movimiento de combos: De donde yo también era perteneciente: “Los Sorprendentes”. Los Blues”. “Los Dacios”. “Los Kinin”. “Los Brakers” y otros que escapan de mis recuerdos.

Sobre las 10 de la noche una trompeta y el tema “Cerezo Rosa”.

La figura de Pepin Vaillant entra al escenario. Se encienden las luces y todo se vuelve encantador. Aquella nota tenida, alargada, infinita. Sin poder descifrar ni en el mas mínimo segundo el momento, el instante en el que el músico toma aire para continuar. Y como va haciendo un spagat y sus piernas estirándose hasta quedar totalmente culminado el ejercicio en una elegante extensión de piernas. Todo sin dejar de ejecutar el instrumento en esa misma nota tenida y de una altura impresionante.

Luego torcer su alargada figura hacia atrás. Y con todo el abdomen extendido seguir interpretando el tema y sujetando la trompeta con una sola mano de uñas muy largas. Técnica para el espectáculo que un hombre show como Pepín Vaillant podía realizar.

Era negro, muy negro el artista.

Tan negro que el maestro Electo Rosell (Chepin) le dedicó el danzón “Diamante negro”. Porque claro eso si, un diamante era en todo los aspectos de la vida: un diamante como caballero. Como amigo. Como ciudadano. Un diamante como músico y artista.

Canto, baile y la magistral ejecución de la trompeta. Complementando el espectáculo con la rivalidad siempre antagónica de Faustino Mario Chappottín (Tabaquito) su inseparable percusionista. Que sobre todo en la original versión del tema “Es tan bueno”, (C´est si bon) del músico Francés Henri Betti) Pepín hacia gala de criollo histrionismo, mientras alternaba con las rápidas manos de su inseparable mago de las tumbadoras.

Así transcurre el show. Dos horas de cinta rodando por el cabezal, Así termina aquella noche histórica donde no quedaron ni cuatro pies de cinta para grabar a la Típica Caribe. compromiso que dejé pospuesto para el Rancho Club donde cumplía contratos la popular Charanga. Y que posteriormente se cumplió con creces.

Luego sobrevino la amistad con Pepín.

Nos cruzábamos en calle Enramadas o la Plaza de Marte y charlábamos de aquella ocasión, que para él fue siendo tan lejana. Y se confirmaba como su memoria poco a poco empañada por los años.

Falleció el Show-man Pepín Vaillant

En Santiago de Cuba el 20 de febrero del 2001 a los 71 años. De su trabajo me quedaba aquella cinta que de 7 y ½ RPM que transporte a 3 ¾ para lograr mayor espacio. Luego a petición de Lorenzo Jardines Pérez funcionario de la Casa del Caribe la puse en sus manos para complementar la memoria de un libro que se proponía escribir en honor a la carrera inmortal del extraordinario trompetista. Hubiera sido egoísta no hacer trascender ese espectáculo llamado INTERSON. Quizás la última gran producción del genial interprete de la trompeta

Nunca he podido leer este material de Jardines. Pero me alegra figurar entre los que avalan una pequeña parte de la rica historia artística de Pepín Vaillant, el diamante negro de Cuba

Speak Your Mind

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.