Luis, por una última vez

Luis, por una última vez

«Luis, por una última vez». Crónica escrita el 24 de mayo del 2014 apenas unas horas después del fallecimiento de Luis Mariano Carbonell Pullés. Publicada en Radio Mambí

Hace apenas dos días

(21 de Mayo del 2014) dedicado íntegramente a la confección del guion “Con Alma de Tambor” en homenaje al cumpleaños 88 de Enrique Bonne. Especial amigo de Luis Carbonell. Llamo por teléfono al maestro, como acostumbraba y hacia cada cierto tiempo.

Ahora el motivo de mi llamada era para coordinar una entrevista telefónica (porque con Luis, cuidado con las improvisaciones). El motivo seria que Luis me dijera algunas palabras dedicadas a Bonne en su onomástico y poderlas amplificar. (Pensaba yo, sobre el piano que estará tocando Angelito Bonne en el momento de esta celebración (15 de Junio 2014).

Pensé, ¡Que sorpresa para Enrique! Su amigo desde la Habana lo saluda, pero ¡Qué lástima! Me dice Carbonell:

-Ahh Carnago no me siento bien, y me pregunta -¿Cuánto cumple Bonne?, -ochenta y ocho, -bueno llámame sin falta que mi saludo va, pero ahora estoy un poco mal

Me vuelvo a Rolando Maceda excelente realizador de la TV Oriental y Joaquín Solórzano (director de los tambores de Bonne que en esos momentos me acompañaban) y le dije: Bueno será para otro momento.

Otro momento: La noticia de su muerte

Luis Carbonell fue para todos los cubanos un ejemplo de artista consagrado. De maestría escénica sin límites, para mí, fue inspiración y paradigma.

De memoria privilegiada. OPresto al consejo práctico y honesto para todo el que así se lo solicitara. Sin rodeos, sin vanidad. Claro que quien no quisiera escuchar la verdad que no le preguntara nada a Luis. Porque a sincero no había quien el aventajara.

Músico de profundos conocimientos sobre todo en el trabajo vocal y de maestría sin límites en el decir un texto, Luis podría haber almacenado en su memoria tantas cuartillas como el Quijote de Cervantes.

De adolescente lo conocí

Y hasta me atreví junto a Olga y Noel (hermanos) Noel sobre todo que fue mi profesor en el politécnico Julius Fucik, decir “La negra Fuló” en su mismita cara y me aplaudió.

Que lo cuente Douglas Delgado (cantante Santiaguero sin mucha suerte pero con demasiada voz) que me llevaba de la mano a casa de Luis y de sus hermanas que el maestro adoraba.

Luego, largas conversaciones y sus consejos de que leyera mucho, eso lo recomendaba a todos: lee a Guillen y a Ballagas decía.

Y el privilegio de tenerlo en Rancho Club en las alturas de Quintero, por allá por los 80 cuando aún me iniciaba en los avatares de la dirección artística.

Después fue el teatro Martí y ya la amistad personal y el afecto mutuo.

Sus últimas presentaciones en Santiago de Cuba estuvieron bajo mi titularidad como guionista y director.

Junto a Septeto de la Trova en el Café Cantante del Teatro Heredia fue memorable su concierto y por supuesto aún mas, cuando llega a decir en este Santiago de cuba, la última estampa de su repertorio, el último texto que se registrara en la prodigiosa memoria de declamador sin antecedentes y creo que por mucho sin precedentes, así tuve el privilegio de escucharlo ahora con una obra de mi autoría, bajo el título “Después de Sandy” que escribí para que “alguien” lo dijera en alguna de las brigadas que integramos en apoyo a la población que sufría los desastre de ese evento meteorológico y que se recuperaba con heroicidad.

Nunca

Nunca pensé que la voz de esa estampa fuese la de Luis Carbonell, “El acuarelista de la poesía antillana” y con cuanto orgullo se le escuché decir a Teatro Heredia repleto y dedicarla a su Santiago de Cuba y Lázaro Expósito a quién consideraba un verdadero héroes nacional y sobre todo llamarme en aquel momento ARTISTA DE GRAN SENSIBILIDAD, y abrazarme en público, si es para morir agradeciéndoselo.

Los Quizás

Quizás fui el último de los autores en tener una obra en el repertorio de Luis Carbonell.

Quizás fue mi estampa “Después de Sandy” la última que se aprendió y dijo públicamente en vivo.

También quizás, fui el último santiaguero que habló con el maestro antes de su muerte.

Lo que si no puedo asegurar si soy primero o último de los millones de Cubanos y latinoamericanos que lo recordarán por siempre.

Ni podría decir si esta ciudad y su gente lo quisieron más de lo que él nos amó a todos nosotros.

Este Santiago de Cuba no le cabía en el pecho enorme de su nostalgia y su orgullo de Santiaguero.

Nos queda la obra inmensa de su quehacer artístico, para que lo recordemos eternamente.

Lo abrazo Maestro

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