Santiago de Cuba, prejuicios coloniales

Santiago de Cuba, prejuicios coloniales

Crónica de Santiago Carnago López sobre los negativos prejuicios contra la raza negra introducida por los Españoles en Cuba

Hoy que con tanta vehemencia se defiende el derecho de la mujer al trabajo, el estudio y su participación en todas las tareas de la sociedad. Me viene a la idea compartir en esta crónica sobre los prejuicios a los que fueron sometidas las féminas en aquellos tiempos coloniales de la primera mitad del siglo XVII en nuestra ciudad. Por aquel entonces dominada por las fuerzas y las costumbres de la rancia sociedad Española. Sobre todo en la educación.

Santiago de Cuba:

La villa fundada por Diego Velásquez en el mes de junio de 1515. Recibió los primeros africanos en el año 1522. Luego los procesos de emancipación y el lógico mestizaje despuntaron. Provocando que una parte de la población, de la ya entonces ciudad, estuviera constituida por negros y mulatos libertos.

Dentro de la extensa lista de prejuicios de la sociedad colonial. Los referidos a las mujeres eran los mas denigrantes. Constantes intentos de la mujer negra o mulata por ascender dentro de la sociedad era no menos que imposible. No solo en lo social y económico. Estas limitaciones llegaron, incluso, al aspecto educacional.

Al comenzar el siglo XIX: En las escuelas que existían en Santiago de Cuba, la mujer aprendía a escribir. Contar y rezar como elementos imprescindibles para la vida en comunidad. Además de otras labores propias del sexo. (Lavar, tejer, planchar, almidonar, cocinar y criar hijos).

Sin embargo al decursar de los años

Se va desarrollando el sector educacional en la ciudad. Muchos directores de escuela, introdujeron en sus planes de estudios asignaturas tales como idioma francés e inglés. Gramática castellana. Francesa e Inglesa. Mitología. Música vocal e instrumental. Baile. Dibujo y otras, con lo cual se pretendía poner a la mujer a tono con el refinamiento que se imponía en los salones de la alta sociedad. Cultura emparentada con los modos y maneras penetrados por los inmigrantes franceses.

En el caso de las mujeres de «clase blanca».

Enfrentaron los conceptos prejuiciados de la familia en cuanto a la decisión de permitirles compartir ese tipo de materias en su educación. Las muchachas de mejor economía familiar tenían las alternativas de asistir a escuelas públicas o privadas. Según fueran sus gustos o las decisiones de sus padres y familiares.

En el caso de las “de color ” por demás de humilde extracción.

Solo tenían la opción limitada de asistir a las escuelas públicas costeadas por el Ayuntamiento. Para las escuelas privadas las muchachas negras o mulatas podrían entrar por excepción. Lograr una matrícula demostrando su condición de pobreza con una certificación avalada por el cura párroco y el celador del barrio; Luego tener la suerte de merecer una de las pocas plazas gratuitas que se ofertaban en ese tipo de escuela.

Tal el caso de la escuela de madame Cavalier. Maestra negra con domicilio en la calle Gallo. Que en febrero de 1824 publicaba el reglamento de su casa para señoritas tanto españolas como francesas y donde señalaba que: «… después de matriculadas 12 pensionistas y 12 externas, tomaría gratis a tres francesas y tres españolas para darles la misma educación con que ganarse la vida».

En los datos del comportamiento de la matrícula de las escuelas de Santiago de Cuba en la primera mitad del siglo XIX; Se evidencia cifras favorables a los varones. Por ejemplo en el año l865 se contabilizan en matricula un total de 1053 varones y 875 hembras de la llamada «clase blanca». Comprendidos entre las edades de cinco y diez años que habitaban en la parte urbana.

La situación era más difícil para las niñas «de color».

Un ejemplo les ilustra el año 1849 cuando en la ciudad estudiaban 373 niñas de las cuales sólo 48 no eran blancas. Otro dato que pone en evidencia la desigualdad y acentuado prejuicio social en la época colonial en Santiago de Cuba. Es el que se obtiene de documentos archivados en el año l861 donde nos informa que en la ciudad habían 21 escuelas de varones y sólo 8 de hembras. Con la asistencia de 1053 varones por la desigual cifra de 353 hembras. Reflejo de la discriminación que existía no en cuanto al sexo.

En cuanto a la composición de esta matrícula atendiendo al color se constata que el numero de varones blancos es en aquel entonces 892 y los varones “de color” solo 161. Lo que representa una diferencia de 85 y 15 por ciento en ambos grupos. De las 353 niñas que concurrían a las 8 escuelas de la ciudad, 48 eran de «color» lo que representa solo un 13 por ciento.

Demostrado queda que la educación de las muchachas «de color» estaban por debajo de las que eran blancas.

Datos de archivo

Mas adelante y en un Plan General de Instrucción para las islas de Cuba y Puerto Rico. Se señala que a juicio del gobernador político, se establecerían escuelas separadas para los niños libres de color.

Por esta causa surge una disposición del gobierno indicando que de las seis escuelas de varones y tres de hembras costeadas por el Ayuntamiento que existían en Santiago de Cuba. Se destinaran exclusivamente dos de ellas para para varones mestizos y solo una para niñas con esas mismas características.

Vuelve de nuevo a desfavorecerse a la mujer en cuanto a raza y sexo.

Las restricciones de las jóvenes negras, pardas y mulatas para desempeñar labores como maestras fueron similares a las que dificultaron su acceso a la instrucción. El profesorado para estas escuelas se regía por las normas establecidas para las escuelas de blancos; Es decir, además de acreditar su buena conducta, debían acreditar la limpieza de sangre.

Esta disposición hizo que el magisterio se convirtiera en una profesión inaccesible para los hombres y mujeres «de color». A mediados de la primera mitad del siglo XIX solo l0 mujeres se desempañaban como maestras o directoras en la ciudad de Santiago de Cuba. De ellas sólo 2 eran pardas.

Una Venezolana Antonia Núñez, natural de Maracaibo, que funda una escuela para la enseñanza de la lectura, doctrina cristiana y costura; y la Francesa Emerantine Bailly cuya escuela fue fundada fundamentalmente para la educación de las jóvenes pardas libres de la barriada del Tivolí. Según la opinión de las autoridades

«…Bien necesita Cuba que se les moralice y se les enseñe a trabajar en las labores propias de su sexo, evitándoles la ocasión de degradarse y prostituirse.

A partir del año 1856, todas las maestras- directoras de Santiago de Cuba pertenecían a la llamada clase blanca. Esto indica la imposibilidad de las muchachas de color de emplearse honradamente en el sector de la enseñanza.

A las muchachas “de color ” solo les quedaba la alternativa de abrir las llamadas «escuelas de amigas» o “escuelitas pagas”. Que eran aquellas que se creaban alrededor de una persona que recibía en su casa a los hijos de vecinos y amigos con el objeto de enseñarlos a leer, escribir y conocer el catecismo. Por aquellos años se reconocen en Santiago de Cuba la existencia de cuatro escuelas de tal tipo abiertas por maestras «de color».

Cuan diferente el panorama actual en Cuba donde la educación es derecho de todos sin límites de raza, sexo o posición económica. Una sociedad que condena las prácticas prejuiciadas no solo en la educación sino en todos los sectores de la economía, la política y la administración del estado. La mujer tiene los mismos derechos que el hombre y trabaja a la par de todos en la sociedad por la construcción de un nuevo orden económico, político y social mas justo y equitativo.

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