Voló como Matías Pérez

Voló como Matías Pérez

Voló como Matías Pérez. Crónica escrita por Santiago Carnago en defensa de las tradiciones y el folclor Cubano.

Una frase muy popular en Cuba en el siglo pasado era la de: “Voló como Matías Pérez”. Modo de sustitución al decir que algo o alguien despareció de nuestra vista.

No estoy muy seguro haber escuchado hoy, en pleno siglo XXI, si alguno de esta nueva generación ha llegado a repetirla. Pienso que quizás por desconocimiento del suceso. (No se si llamarlo audaz, osado o ingenuo). Pero que tuvo como fecha de acaecido, 29 de junio de 1856.

Matías Pérez, era un ex-marino Portugués.

Vivía radicado en Cuba y se dedicaba a la fabricación de lonas y toldos. Estos eran los mas usados para cubrir las entradas de los negocios de bodegas. Cafeterías y cuanta mercadería tuviese entrada y salidas de clientela en la ciudad.

Los toldos en aquella época constituían un sello distintivo en La Habana. Casi todos los establecimientos los tenían. Por lo que el oficio de fabricante de toldos le era bastante remunerativo. Por la calidad de sus trabajo y la demanda de sus lonas recibía el sobrenombre de “Matías el rey de los toldos”.

Se dice que el sastre toldero fue un hombre de pensamiento avanzado para su época. Casi diríamos que progresista. También se conoce que era valiente y extralimitado en sus acciones. Osado y hasta un poco soñador. Pero su aspiración mayor, era remontar el espacio celestial. Mirar desde las alturas, los suelos lejanos de la Cuba que ya amaba como a su propia patria.

Como era especialista en fabricar. Reparar y preparar velas para los barcos. Además de un empecinado estudioso de las leyes de la aeronáutica. Sus aspiraciones no estaban lejos de la realidad

Se conoce que Matías Pérez fue asistente de Godard.

Un aeronauta de la época, a quien acompañó en tres oportunidades en sus ascensiones en calidad de ayudante. Era el toldero Matías quien se encargaba de habilitar las necesidades previas a los vuelos. Crear las condiciones para un feliz ascenso y descenso. Para ello tenia que registrar el tubo conductor del gas. Supervisar los aparejos e instrumentos del volado. Finalmente lanzar dos globos pilotos para conocer la dirección del viento.

Ya viviendo en Cuba el intrépido Matías le compró a Godard su globo «Ville París» (La Villa de París). La adquisición se produce el 12 de junio del mismo año 1856. El Globero se dirigió al Campo de Marte, hoy conocido como Parque de la Fraternidad. Allí, con la habilidad adquirida, comenzó a preparar su nave.

La gente llegaba desde todos los sitios de la Habana para ser testigos de la muy anunciada ascensión del nuevo aeronauta Don Matías Pérez. En pocas horas la Plaza de Marte estaba repleta de público. También de carruajes. Hasta una orquesta ambientaba el momento. Contratada por no se quien, .

Abrió Matías la válvula del gas y el “Ville París” se comenzó a elevar. A ganar altura. Entonces miles de pañuelos se agitaron y las voces entusiasmadas de las personas llenaban de euforia la despedida.

Sin embargo luego de elevarse a cierta altura, el globo comenzó a descender con rapidez. Lo que hizo pensar a todos los presentes que la tela se había roto. En realidad solo se había trabado la cuerda que habría la válvula del globo. El aventurero Matías Pérez tuvo que subir por las sogas que sujetaban la barquilla. Abrir la boca del globo para que penetrara el aire. Así aminorar la rapidez del descenso.

La nave en su primer experimento fue a parar cerca del Río Almendares. Sin embargo a pesar de los inconvenientes sufridos. Este primer vuelo constituyó un rotundo éxito. Luego los dos intentos siguientes con mayor avalancha de público. Pero estos que quedaron suspendidos debido a inclemencias del tiempo.

El domingo 29 de junio de 1856.

Fue el día de la verdad. El intrépido navegante de las alturas, no cejaba en su empeño. Volvió a la Plaza de Marte con su globo.

La «Ville París» se elevó en esta ocasión con majestuosidad. De pronto una fuerte ráfaga de viento lo arrastró hacia las alturas y se la llevó sobre el mar con Matías dentro de la canasta. Ahora la multitud enmudecía. Lo vieron alejarse en el cielo hasta que se convirtió en un diminuto punto entre las nubes. Luego desapareció sin dejar huella alguna. Se conoce que unos pescadores que realizaban su faena por el torreón de la Chorrera fueron los últimos en verlo.

Y aunque su atrevida maniobra se va perdiendo en la memoria. La frase queda y hoy se la recuerdo a las generaciones futuras para cuando algo desaparezca de su vista digan: “Voló como Matías Pérez”.

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